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La segunda vuelta del 25 de octubre pondrá a prueba un antecedente histórico y definirá el rumbo de la mayor democracia de América Latina
Desde la Constitución de 1988, quien gana la primera vuelta presidencial en Brasil siempre ha ganado la segunda. El pasado 4 de octubre la ganó Flávio Bolsonaro, por 1.87 puntos y más de 2.2 millones de votos sobre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El 25 de octubre, esa regla se pone a prueba.
Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo 47.03% de los votos válidos (56,104,503 sufragios). Lula, del Partido de los Trabajadores (PT), sumó 45.16% (53,879,538). Ninguno alcanzó el 50% más uno que exige la ley, por lo que ambos disputarán la segunda vuelta. A Flávio le faltaron menos de tres puntos para evitarla. Las dos opciones marcan un derrotero distinto: la continuidad de la presidencia de Lula o un relevo con acento político opuesto.
El resultado sorprendió también en el Congreso. Según reportes de prensa, el PL se llevó 19 de las 54 bancas del Senado en disputa, y se perfila una legislatura con mayor peso de la derecha.
Conviene recordar cómo vota Brasil. El sufragio es obligatorio y se emite, desde hace tres décadas, en urna electrónica. El Tribunal Superior Electoral organiza los comicios, resuelve las impugnaciones y proclama los resultados. En esta ocasión se eligieron la Presidencia, los 513 escaños de la Cámara de Diputados (representación proporcional con lista abierta), dos tercios del Senado (tres senadores por estado y por el Distrito Federal, por mayoría), 27 gobiernos estatales y las 27 asambleas legislativas.
Hay otro dato que no puede ignorarse: la religión. El censo de 2022 registró 56.7% de católicos y 26.9% de evangélicos. En 1991 había cerca de nueve católicos por cada evangélico; hoy hay dos. Datafolha midió, días antes de la elección, que 52% de los evangélicos apoyaba a Flávio y 26% a Lula; entre los católicos la relación se invertía: 50% a favor de Lula y 32% de Flávio. Donde la proporción evangélica supera la media, Flávio obtuvo 52% de los votos válidos, por encima del 48.8% que consiguió su padre en 2022. La transformación religiosa de la sociedad brasileña ha jugado un papel central en estas elecciones.
La historia favorece a quien llegó primero; la aritmética deja la puerta abierta a ambos. El 25 de octubre, 158.7 millones de electores, la base electoral más amplia de América Latina, dirán si la regla se confirma o se rompe. La región y el mundo estarán mirando.