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Taiwán y México: oportunidades de inversión

2026-09-03 03:47:30 - MUNDO

Existe una paradoja reveladora en la relación económica entre Taiwán y México: mientras la inversión extranjera directa taiwanesa registrada por la Secretaría de Economía apenas alcanzó 40 millones de dólares en 2025 —uno de los niveles más bajos en años— en el terreno ocurre exactamente lo contrario. Foxconn anunció 241 millones de dólares para ampliar su planta en Chihuahua y confirmó en Guadalajara la que será la mayor fábrica del mundo para ensamblar el superchip GB200 de Nvidia. Asimismo, Inventec, Pegatron y Wiwynn han abierto o ampliado instalaciones en Ciudad Juárez con inversiones de entre 75 y 250 millones de dólares cada una. La discrepancia entre lo que dicen las estadísticas de Inversión Extranjera Directa y lo que sucede en las líneas de producción no es un error contable: es una señal de que el capital taiwanés fluye hacia México a través de reinversión de utilidades, expansión de plantas ya instaladas y estructuras corporativas que no siempre se contabilizan como nueva inversión extranjera.

El contexto geopolítico explica esta aceleración. La guerra arancelaria entre Washington y Beijing obligó a las manufactureras que operaban en territorio chino o en países asiáticos a reubicar producción hacia países con acceso preferencial al mercado estadounidense. México, con el T-MEC vigente, se convirtió en la respuesta más obvia. Taiwán, con décadas de experiencia en semiconductores, electrónica y manufactura de precisión, encontró en la relocalización industrial mexicana el terreno ideal para blindar sus cadenas de suministro frente a la creciente presión china sobre el estrecho de Taiwán. Para Taipéi, diversificar su huella productiva fuera de Asia —y lejos del radio de una eventual disrupción militar— es también una estrategia de seguridad nacional disfrazada de lógica comercial.

El dato más contundente es el crecimiento de 400% anual en las importaciones mexicanas de origen taiwanés registrado en febrero, impulsado por semiconductores, servidores y equipo de cómputo destinados a la industria de inteligencia artificial. México se está insertando, casi sin buscarlo, en la cadena de valor de la infraestructura de cómputo que alimenta a los grandes centros de datos estadounidenses asociados a la inteligencia artificial. Esto no es casualidad: es el resultado de que Taiwán es el mayor productor mundial de semiconductores y necesita ensamblar cerca del mercado final.

Las oportunidades hacia el futuro son claras. Primero, la próxima revisión del T-MEC en 2026 será decisiva: si México logra mantener certidumbre jurídica y reglas de origen favorables, la comunidad empresarial taiwanesa —que ya organiza misiones comerciales como la de TAITRA con 24 empresas— tiene incentivos para profundizar su apuesta. Segundo, estados como Chihuahua, Sonora y Baja California, con infraestructura logística, disponibilidad de naves industriales y cercanía a la frontera, están mejor posicionados para capturar esta ola. Tercero, la cooperación académica —Taiwán ofrece decenas de becas anuales a estudiantes mexicanos en programas de mandarín y posgrado— sienta las bases de un vínculo bilateral que trasciende lo puramente comercial.

El desafío para México es doble: evitar que la dependencia de insumos taiwaneses se traduzca en vulnerabilidad ante una crisis en el estrecho de Taiwán y construir la infraestructura energética e hídrica necesaria para sostener el boom de centros de datos que esta inversión está generando. Quien entienda esta oportunidad no solo como flujo comercial, sino como reposicionamiento geopolítico de largo plazo, estará mejor preparado para capitalizarla.

Fuente: google.com